Él me dice que soy hermosa


"Un halago es un rayo de sol verbal". (Robert Orben)

Él me dice que soy hermosa

Y que me estaba esperando

Él me dice que soy yo la que está hecha a medida para sus brazos

Él habla como uno caricia

Unas palabras que no existen

De Siempre y de ternura

Y solo escucho su voz [1]


La voz aterciopelada de Patricia Kaas resuena en mi mente errante, de repente. ¿Cómo llegué a machacar sin cesar esta vieja canción de los años noventa, de hecho? Jesusito mío, ¿me habría convertido en mujer vintage sin darme cuenta? ¿En una vieja incómoda nostálgica de su adolescencia, lista para sacar del limbo su ropa fluorescente y sus blusas con charreteras? No, no es nada de esto... La canción invadió tranquilamente mi mente después de una reflexión que hice antes de dormir acerca de una conversación interceptada sin querer el día anterior y ya no puedo impedirme de canturrearla alegremente. Te cuento todo, más vale.


Estaba en el metro, sentadita bien a gusto en mi pequeño asiento azul y medio dormida (maldecido Morfeo, él, sus brazos confortables y sus amapolas mágicas) cuando agarré un fragmento de la conversación de dos chicas un tantito intensas que se encontraban al lado de mí. Era algo así:


Chica corpulenta: Estoy tan gorda que no tiene sentido. Tengo que bajar de peso ya. (Suspiros mortuorios)

Chica delgada: No, no estás gorda. (pausa teñida de dudas) Es porque tienes curvas más pronunciadas. (ojos evasivos)

Chica corpulente: ¿Tú crees? (tono lleno de esperanza)

Chica delgada: ¡Claro que sí! Deja de decir que estás gorda, sino terminarás creyéndolo. (poker face)


Ósea... Comprenderás que había una gordita y una flaquita (no le tengas miedo a las palabras) que discutían de curvas y de rollitos sin verdaderamente llegar al fondo del asunto. Y, en principio, no tengo nada en contra de las conversaciones evasivas... excepto cuando todo se hace en pura deshonestidad, por supuesto. Y, pues, era francamente el caso, al menos bastante para hacerme reflexionar seriamente sobre el tema. Bueno, tal vez me tirarás tomates, zapatos o todo lo que tienes a mano, pero no importa, empiezo de todos modos y asumiré mis ideas: cuando una mujer de cuatrocientas libras habla con otra mujer de cien libras (o menos), y que la de cien libras trata de convencer la de cuatrocientas que ella no está gorda en absoluto... ¡NO SE PUEDE! Pues mira, si yo te digo, "estoy gorda" y realmente lo estoy, contestarme que me lo imagino todo es tan ridículo que ni siquiera un payaso grotesco podría alcanzar ser más ridículo. ¡Debemos dejar de decir tonterías sólo para tener conciencia limpia! Yo mismo soy gordita y chichona y te puedo garantizar que es un poco (o muy) insultante ser "reconfortada" por una "hebra de heno seco" que utiliza mil y una mentiras aberrantes para alimentar un poco mi orgullo. ¡Oye, basta! Cuando estamos gordos, ¡sabemos que lo estamos! Si digo que estoy gorda, hay dos únicas posibilidades, nada más... La primera: en realidad estoy gorda y pues ya, ni modo, o la segunda: tengo una grave falta de confianza en mi misma y necesito escuchar a alguien decirme que no estoy gorda (a menos que yo sea anoréxica o algo así). Digamos que estoy gorda, pues si ves lo que veo, también constatas que tengo curvas generosas y que ando envuelta como un cono de helado bañado en chocolate, así que no vale la pena tratar de convencerme que todo es culpa de mi imaginación! ¡Sé que tengo un abrigo de chocolate espolvoreado de cacahuates! Mi hermosa capa regordeta existe, y ambos lo sabemos.


Pero la deshonestidad puede ser en ambos sentidos. No estoy convencida de que el halagador excesivo sea siempre culpable de querer ser demasiado lindo. A algunas personas les gusta tirar al azar en el universo esas pequeñas frases pesadas de insinuaciones justo para que alguien las atrape. Quieren que se les rellene el cráneo con frases contrarias, porque es dulce para los oídos y el alma cuando alguien nos cuenta lo que queremos oír. Por lo tanto, si un rotundo "estoy gordo" sale de la boca de alguien así, en cualquier otro momento, es para que le cebemos de mentiras como a un ganso criado para el foie gras. "Abre la boca, aquí está tu cuchara de mentiras, traga todo y toma un buen sorbo de agua para no vomitar todo" (Todos sabemos que las mentiras dejan un regusto amargo en la boca). En el caso que nos interesa, la conversación estaba claramente impregnada de deshonestidad bidireccional. Y la flaca y la gorda jugaban un papel, y la falta de talento en la actuación se denotó de inmediato. Pues ni modo.


Sí, la gente tiende a decirles a los demás lo que quieren escuchar, es la historia del mundo, o sino, les hacen halagos al extremo sin pensarlo realmente, y esto solo con el propósito de lograr sus propios fines. Es como decirle a alguien que es guapo cuando no es el caso. Sí, sé muy bien que todos los gustos están en la naturaleza, no necesitas repetírmelo. Y alguien que te cae físicamente puede parecer bien feo a los ojos de tu vecino. Así es la vida. Pero que alguien te diga que estás guapo cuando no lo piensa, pues ¿a qué sirve? Y además, se nota cuando uno no le siente de verdad. No es necesario que me digas que soy una mujer hermosa si no lo crees. Puedo mirarme en un espejo, pronunciar un "espejito, espejito, ¿quién es la mas bella del reino?" y juzgar por mí misma que hoy, irradio, que tengo la carita bastante agradable... o no (en cualquier caso, yo me veo bien bombón y estoy rebuena ¡Es lo que me muestra mi espejito, al menos!).


Después de todo, si no piensas lo que dices, ¿por qué desperdiciar tu preciosa saliva a mentir? ¿No podrías elegir una de mis cualidades, una que consideres verdadera para darme un halago, y por lo tanto, tu sinceridad será reconocida, y será aún más apreciada? Si tengo los dientes iguales de torcidos que el resorte de una pluma, y el de color amarillo canario, y por si fuera poco, tengo una gran nariz de bruja, una piel llena de granos, los ojos fuera de sus órbitas y la figura de un refrigerador (léase: curvas inexistentes), por qué decirme que me veo hermosa, incluso si es para complacerme. ¿Porque sabes qué? Sabré que estás mintiendo con impunidad y voy a empezar a pensar que solo quieres embrujarme, acariciar mi ego, hechizarme para obtener algo. No, no me digas que querías hablar de mi belleza interior. La elección de las buenas palabras cambia todo en la vida. Cuando dices: "Eres hermoso, eres hermosa", eso significa físicamente y nada más. De lo contrario, dirías algo parecido a "eres una persona hermosa. Tienes un alma hermosa, tienes una personalidad hermosa."


Oh! No te vayas a creer que tengo algo en contra de los halagos, es todo lo contrario. De hecho, pienso que las personas no son lo suficientemente felicitadas por lo que son. Cuando pensamos algo, nos quedamos con las ganas de decirlo, como si esto fuera muy intimidante. A veces nos decimos a nosotros mismos: "Esta chica es a todo dar. Ella cualidades a valorar. Me gusta su pasión, me gusta su actitud receptiva, me encanta su swag." Después de todo, ¿la belleza no está en el ojo de quien mira? Eso es lo que Oscar Wilde pensaba, por lo menos. La verdad, no sé por qué locura guardamos todos esos halagos para nosotros mismos, cuando podríamos declararlo francamente a la dicha persona fabulosa. Un pequeño "oye, por cierto, quería decirte que realmente aprecio tu pasión. Creo que te queda muy bonito". Igual acerca de la apariencia física. No tenemos idea de cuántas personas en el mundo están acomplejadas por su apariencia, imaginando ser como esto o aquello, y bla, bla, bla. Sin embargo, en silencio, los encontramos sinceramente hermosos. ¡Qué loco que nosotros sabemos reconocer su belleza y ellas no!


Cuando el feeling es honesto, ¿por qué no lo dices a la persona? ¿A qué le tememos? ¡Está tan bellamente pensado, en nuestra mente! Decir a un amigo, a un colega, un "¡Tus ojos son preciosos, y esa blusa hace que el color se destaque!" o un "amiga mía, ¿lo sabías que eres hermosa?". No cuesta nada, se siente bien rico cuando la frase está dirigida a sí mismo, y si es un halago honesto, nos alegrará decirlo igual que si lo hubiéramos recibido de alguien. Imagina por un momento que alguien te dice que eres hermoso, que resplandeces, que tienes ojos hermosos... Imagina la alegría que sentirías, toda esta felicidad gratuita, toda esta hermosa energía para continuar tu día nadando en la placer simple y puro de un halago directo salido de un corazón cálido.


¡Los hombres son los peores! Cuando hay una oportunidad de dar un halago a mujeres, esto les parece fácil, pero para hacer un cumplido a otro hombre, ¡es una historia diferente! ¿De qué tienen miedo, muchachos? ¿De pasar por alguien que no juega "en el equipo correcto"? ¿De recibir una propuesta indecente como agradecimiento y no saber cómo decir que no sin perder la cara? ¿De perder su reputación de macho típico? ¿De tener la etiqueta "yo felicité a un hombre" pegada en la cara?


Pues a mi, si alguien me dice que soy hermosa, tengo un poco más cada vez la tendencia a creerlo, con el paso de los años. Estoy empezando a comprender que la belleza existe en muchas formas. Antes, prefería que me dijeran que yo era inteligente, quien sabe por qué. Tal vez era una forma de distracción para evitar hablar sobre mi apariencia física? Es conveniente que te digan que eres brillante. Es un halago preciado. Pero la caricia al alma que un "tú eres bella" hace a todo nuestro cuerpo, a toda nuestra alma, permanece sin igual. ¿Y si fuera verdad?


Él me dice que soy hermosa

Lo veo correr hacia mí

Sus manos me rozan y me arrastran

Es hermoso como en el cine

Sin traiciones, sin penas.

Mi escenario no las quiere

Él me dice que soy reina

Y pobre de mí, lo creo

Hmm, pobre de mí, lo creo.


[1] Il me dit que je suis belle, canción de Patricia Kaas escrita por Jean-Jacques Goldman



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