El fu&*%$ mes de noviembre


"Noviembre es un mes hermoso. Pero te tiene que gustar el gris. Y el ojo ser capaz de captar la luz." (Gilles Vigneault)


Mi querido Gilles, para mi que mi ojo es opaco. No funciona para nada. Estoy en las últimas, fatal, cansada, exhausta, disgustada, molida, agotada, quemada, casi deslomada. Es culpa del otoño, octubre me machucó como una vieja camioneta sin frenos, y esto, sin tocar la bocina de antemano. Aun siento el dolor en mis huesos. Ya cayó esa maldita nieve y duerme ahora en mi césped, el viento es tan fuerte que podría descornar bueyes, es del norte y te congela la sangre, hay grandes mareas, mucho gris, mucho monocromo... Los árboles han jugado a los strippers durante todo el mes y ahora quedan ahí firmes pero desnudos en mi patio un poco triste. Nos exhiben la gran rama con una libertad que ni siquiera tengo derecho a tener, yo, la humana que se siente culpable al mostrar accidentalmente un poco demasiado apertura de mi escote en la oficina (espera, déjame colocar mi brasier, dame un minuto por fa...).


La temporada de fútbol ha terminado. ¡No, no haré berrinche, pero hombre, ese fue el golpe de gracia! Un garrote en plena cara. La derrota total de mi ánimo que repentinamente colapsó como una torre de naipes soplada por el viento. ¡Si al menos mi equipo me hubiera ayudado un poco, por Dios! Contaba con él para aguantar más o menos hasta principios de diciembre y así distraerme y luego mandar mi mal humor al otro lado del mundo, hasta Timbuktu, ¿por qué no? Confiaba en que mis reyes del fútbol harían todo lo posible para que YO, mi cara desmoralizada de niña desconcertada por la falsa sorpresa de la llegada del invierno y mi delicioso mal humor puedan ser puestos en pause hasta la Navidad. ¡Pero no! Tuvieron que reducir et ritmo cuando no era el tiempo y terminamos al pie de los playoffs y esto, justo cuando el invierno se está instalando bien confortable con sus maletas. ¡Y no! No me digas que noviembre aún no es invierno. En mi universo, el invierno es de noviembre a abril INCLUSO. No me importa las fechas de los solsticios y equinoccios. Tan pronto como sea gris y frío, es invierno, y pues ya. Y no estoy de humor para discutir, así que ni siquiera lo intentes, porque no solo querrás que los pitbulls desaparezcan de tu ciudad, sino que las falsas pelirrojas chaparras con zapatillas del este de Canadá también.


Te escucho ya gemir un resonante: "¡Oh! ¡Pero qué negativa, la Marie-Eve! Una verdadera rompepelotas profesional...". ¡Sabrás que lo asumo completamente, además! ¡Es una parte integral de mi legendario encanto! Qué quieres, me mata irme al trabajo temprano en la oscuridad matutina y solo al ver a mi novio rascar la escarcha en el parabrisas del auto, me pongo agresiva como si estuviera viviendo en un síndrome premenstrual perpetuo. ¿Y sabes qué? Me mata aún más salir del trabajo a las cuatro de la tarde en plena penumbra, haciéndome azotar el rostro con una maléfica ráfaga de viento. Pido disculpas por distorsionar la sublime canción de Christophe Mae, pero ¿dónde está el (maldito) sol, ¿dónde está????? (Sé que un solo signo de interrogación haría el mismo trabajo, pero mi pregunta vale cinco, así que puse cinco, ¡es mi texto, después de todo!). El problema en noviembre es que me zambullo en una depresión invernal. ¡Ya tengo que ponerme medias debajo de mis faldas! ¡No hay nada que me encabrona más que usar medias! Cuando tienes un vientre redondeado como el mío, siempre termina rodando hacia abajo, y de repente te levantas de tu asiento con un pudín de nylon o de lana abajo de las nalgas. Y ni te estoy hablando de las múltiples mallas que paso reparando con esmalte de uñas translucido. Además, necesito mi lámpara mágica (no la de Aladino, la de lux, para simular un sol artificial en la mañana). Me ayuda a abrir los ojos a una hora decente y activarme un poco. Quiero comer todas mis emociones una por una, tragarlas en bocados de pastel de zanahoria, de pollo frito y de "poutine" italiana[1]. ¡Hay que resistir! Para lograrlo, debo sublevarme, rebelarme contra mis emociones para que se calmen un tantito y dejen tranquilo mi apetito. Mi apetito está en dieta forzada. Acabo de decidir eso.


El otro problema con el otoño es la inactividad. Por cierto, no soy la única que no quiere salir a caminar a -5 °C más el "factor viento" más el factor de humedad. ¡Es como -250, al final! Hasta mis perros no quieren salir, en buenos carlinos hogareños. Se amontonan uno sobre el otro y duermen fácilmente unas dieciocho horas al día. Cuando los despierto, apenas salen de su acogedora canasta y trotan difícilmente hacia su tazón de comida. Yo también soy así. Me quedaría envuelta en mi cobija de lana de Uşak, un regalo que mis cómplices turcos Özlem y Alper me ofrecieron con tanta amabilidad en 2012 y que es sin duda la mejor cobija que he tenido en toda mi vida. Mi cobija, mi taza de chocolatito caliente con un extra de malvaviscos, las películas de Hugh Grant a ver en bucle... Y tampoco tengo ganas de escribir. Lo has notado, durante algún tiempo he estado luchando para producir un texto a la semana. Ya sabes, no importa en realidad, hay cosas peores en el mundo. Creo que sobrevivirás sin ningún problema a pesar de que no te doy tu texto hebdo. El día en que escribir se convierta en una carga, me detendré. Por ahora, me permito hacer pequeños pauses cuando mis párpados están demasiado pesados en la noche para ver lo que escribo. Y después, encuentro las ganas de nuevo, como a un suéter viejo que había olvidado en el fondo de un cajón. Es como comer demasiado de lo mismo. A veces tomamos un breve descanso y cambiamos de sabor de la semana. Y de repente volvemos a nuestros viejos amores. Para la escritura, es lo mismo.


También es en noviembre que algunos iluminados sacan sus decoraciones navideñas de sus armarios. ¡Oye! ¡Wake up! ¡Navidad es el 25 de diciembre! Es una cuchilla de doble filo, sacar sus decoraciones navideñas tan temprano. Por un lado, realmente adiciona un toque de color en un escenario bastante aburrido. Excelente argumento tuyo, lo admito. ¡Felicidades, te ganas un peluche! Por otro lado, cuando tus decoraciones están en su lugar desde mediados de noviembre, ¡es largo al mas no poder antes de que llegue la verdadera Navidad!. Si, además de tener que aguantar a los muchachos que se dejan crecer el bigote para el Movember, debemos sufrir los "ho ho ho" perversos del Santa en el centro comercial desde el undécimo mes del calendario, comienza a ser bastante pesado. Muy pesado. Podríamos casi creernos en la interminable espera de que Jesús nazca finalmente. Me imagino a María, con ocho meses de embarazo, adolorida, de mal humor, con los pies hinchados, rodeada de personas tan emocionadas por el nacimiento del hijo de Dios que le rompen las orejas con jingles como "¡Reno de nariz roja!" o "Alegres de corazón", y repitiéndole todos los sacrosantos días que se mueren de ganas que lo expulse por fin. ¡La espera sería completamente interminable! La magia de la Navidad es hermosa, pero para que haya magia, no debemos tener demasiado tiempo libre para analizar todo en detalles y así deshacer los mitos.


Me hace reír mucho, la gente que hace hermosos árboles de Navidad bien organizados por colores y temas. Se necesita pasión para dar a luz a todos estos super conceptos imaginativos. Yo soy más sencilla, osea mucho mucho muuuucho más sencilla: Tiranizo a mi novio para que ponga una cantidad astronómica de lucecitas en el árbol (al diablo el ahorro en electricidad), "lanzo" todo mi inventario de bolas y varias decoraciones en el pino siguiendo mi inspiración del momento mientras trato de impedir a mis perros que mastiquen los pequeños ganchos de metal que sostienen los adornos, el árbol se hunde de repente bajo una orgía de trucos inimaginables (figuras de jugadores de béisbol, cajas de comida china para llevar, sushis de cerámica, guitarras eléctricas y una variedad de zapatillas de fantasía). No me preocupo de los arreglos de colores y formas, y guardo todo desde el primer fin de semana de diciembre hasta la Navidad ortodoxa. Bueno, me dirás que mantengo mi árbol puesto durante mucho tiempo, y qué no soy mejor que los que lo preparan temprano... ¡Ni al caso! ¡No es lo mismo para nada! No es enero, el mes mas largo del año, es noviembre, ¡santo cielo!.


El año pasado, frustré a noviembre. Le di un juego de manos y hasta tengo un GIF personalizado para probártelo. Mira lo feliz que estoy al hacerle un palmo de narices. ¡Este es un noviembre a mi gusto!


Mi amiga Hend y yo en una playa en Dahab, el mejor lugar del mundo para pasar noviembre, es sin duda una escapada perfecta. Casi todos los turistas se han ido, los hoteles son baratos, es un poco fresco, por supuesto, pero no lo suficiente como para dejar la camiseta como ropa de predilección, y todavía podemos comer un gran tazón de koshary, beber una Sakara en la azotea del Churchill Pub y fumar una shisha toda la noche mientras nos relajamos en una banqueta del Alibaba después de haber engullido a calamares fritos. Al final, una excelente manera de salirse de este marasmo otoñal, es viajar donde hay colores, dolce vita, sol y paisajes. Por falta de tiempo o dinero (que es mi caso este año, snif snif), también podemos hacernos creer que viajaremos pronto y así planear este viaje como si nuestra vida dependiera de él. Esa es mi estrategia de 2018, la planificación. En esto chambeo ahorita mismo. Entonces sí, decidí que en 2019, me iba de viaje con mi esposo. Por lo tanto, analizamos el precio de los boletos de avión, las fechas ideales, el costo de renta de un automóvil, la panacea de lugares donde nos gustaría ir, la montaña que vamos a escalar (no olvido mi preparación para Ararat 2020, hay que ser práctica). Decidimos ir a... No. No te lo digo. Lo sé, lo sé, al no decírtelo, es como un coito interrumpido, pero te sorprenderé a su debido tiempo. Ya sabes, que me encantan los destinos inusuales, es mi naturaleza. Me gustan los cambios de panoramas, pero sobre todo me gusta la gente. Yo viajo casi solo por eso. A cada uno sus motivos... No hay malos viajes, después de todo, solo hay malos viajeros. No sé de quién es esta deliciosa cita, pero oye, por hoy es mía.


Entonces, no viajaré en noviembre de 2018. ¡Estoy llorannnndo! ¿Pero qué importa, verdad? En cambio, me ocuparé hasta hartarme. Llené mi calendario de citas y otras actividades de todos estilos para que noviembre desaparezca lo antes posible. Tengo planeado una junta para celebrar el lugar de la mujer en las telecomunicaciones, una fiesta de oficina, un show de comedia, una cena en un restaurante con mi hermana que ya casi no sale (¡hay que salir un poco a veces!) , dos galas locales de boxeo... En noviembre, nos ocupamos. De lo contrario, nos convertimos en larvas humanas, vegetamos, nos expandimos por culpa de nachos y guacamole (esto está prohibido en mi libro personal de leyes) y caemos enfermos (y a veces, la caída es muy profunda, uno se aplasta como un pobre huevo indefenso que se cae al abrir la puerta del refri, duele, ¡incluso podemos quedar desfigurados de por vida!). Como no quiero toser, me ocuparé. Mas vale. Creo que voy a boxear tres veces a la semana, pues, para quedar sana. Nunca hay dos sin tres, anyway. Deal. Y esto, auque se me echa a perder mi coloración roja por tanto sudar.


Bueno. No puedo terminar un texto en una nota tan "bah". A pesar de que tengo una cara desconcertada porque comienza la temporada de hibernación, no estoy muriendo hasta ahora. Y si quiero viajar en el tiempo en DeLorean y propulsarme en mayo para plantar mis flores anuales, sé que el otoño (y noviembre) es un mal necesario para la renovación de la vida. Fue Gibran quien poéticamente dijo esto: "En el otoño, recogí todos mis problemas y los enterré en mi jardín. Cuando abril volvió a florecer y la tierra y la primavera celebraron su boda, mi jardín estaba lleno de flores hermosas y excepcionales".


Será bien hermoso, mi jardín. Amén.

[1] papas fritas, queso cheddar y salsa espagueti.

#OCTUBRE18L1

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