Santa Tierra


"La santidad es la gracia de hacer las cosas más humildes bajo el signo de la eternidad" (Raoul Follerau)


Advertencia: Este texto no tiene nada de divertido. Es bastante deprimente.


Este planeta es un santo, y todo uno, de hecho, ¡es de una evidencia que ni siquiera se puede negar! Sí, es un santo por su paciencia legendaria, su capacidad de resiliencia y sus milagros diarios de hechicero. La Tierra sabe cómo hacer malabares con sus opciones, enfrentar la adversidad y, a veces, pillar un rebote, pero nunca se rinde, aunque la misión que debe cumplir parezca infranqueable.


Ella es sobretodo santa porque nos aguanta, nosotros los humanos, a pesar de que seamos innobles con ella (repugnantes, más bien, ¡Hay que llamar las cosas por su nombre!). Estamos cegados por nuestro propio egocentrismo enfermizo, nuestro ombliguismo fanático y nuestra búsqueda de la gran felicidad (¿dónde está la felicidad, dónde está[1]?), Una búsqueda que manejamos en pura improvisación. ¿Tal vez nos daremos cuenta de su inconmensurable valor cuando esté a punto de dar su último suspiro, débil y fría como una anciana postrada en cama? Porque sí, amigos, a pesar de que seamos más numerosos que nunca a poblar el planeta azul, la raza humana está a un pelo de estar en peligro de extinción. Bueno. Aquí es donde te dices a ti mismo: "¡Exageras machiiiiiin, María! ¡Eres fatalista! ¡Negativa! ¡Pesimista! Vete a dormir un ratito, debes de estar agotada. ¡Cálmate ya!". El fin de la raza humana, si todavía no me impide dormir por la noche, me molesta de todos modos lo suficiente para que yo permanezca lúcida. Haríamos cualquier cosa para tratar de ser felices, es decir, aunque sea en detrimento del planeta o de nuestra propia salud.


Algunos se llenan la panza con comida carnosa excesiva pensando que la felicidad está en el acto de comer. Felizmente comen carne a cada comida, eliminando de su dieta cualquier otra opción. Para ellos, aquellos afirmando que la producción y el consumo excesivo de carne hacen morir de hambre otros individuos y empobrecen nuestra tierra se llaman hippies. La felicidad está en la carne (y en nada más) y, por lo tanto, es mejor tener una pequeña velada a solas con chuletas de cerdo a la barbacoa y una copita de vino tinto que molestarse en tratar de salvar el mundo comiendo vege un día a la semana.


Otros se reventan el cerebro con sustancias ilícitas y, por lo tanto, buscan una micro burbuja de felicidad artificial, incluso irreal, aunque cada vez casi se mueren (porque hoy en día, no sabemos qué veneno para las ratas contiene nuestra línea de coca.). Se piensa que el impacto del uso de drogas no está relacionado con el medio ambiente, pero no es cierto. Álvaro Uribe Vélez, ex presidente de Colombia, ha dicho una vez que "el narcotráfico conduce a la deforestación, al cambio climático, al desorden económico, la muerte y la pobreza". Nuestro hermoso viaje en el país de las maravillas de Alicia se hace a expensas del planeta, y contribuye un porro a la vez, una línea a la vez, un píldora a la vez a la explotación de los más débiles y del territorio. Para empolvarte la nariz, se cortan árboles, desbrozamos para obtener tierras cultivables, y se necesita una gran cantidad de seres humanos a merced de productores ricos y mafias locales para que tu pequeña bolsa de polvo llegue hasta tu nariz. No lo olvides en tu próxima fiesta.


Algunas personas piensan que la felicidad está en los viajes, en el movimiento hacia otros lugares, y así pasan toda su vida moviéndose con la esperanza de robar unos minutos de esta felicidad efímera, las nalgas encajadas en una góndola veneciana o perdidas en un bazar de Karachi. Viajamos mal. Viajamos como si estuviéramos en casa en todas partes. Incluso si limpias tu conciencia comprando las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por tus vuelos, continuamos de montar a elefantes para paseos en el campo o posamos con tigres drogados al mas no poder para evitar que nos ataquen, olvidando, el tiempo de una foto, que se trata de explotación animal. Sin embargo, lo sabemos MUY BIEN. Pero para nuestra propia felicidad, escondemos la cabeza en la arena, porque queremos LIKES en Insta, ya sabes. Subimos montañas como el Everest dejando atrás nuestra basura. ¡La organización Clean Everest y otras iniciativas han ayudado a eliminar hasta ahora once toneladas de basura en la cima del mundo! ¡Once toneladas! Es un gran basurero nevado... Dos mil millones de seres humanos dependen directamente del agua que proviene de los glaciares del Himalaya... Agua contaminada por los campistas y alpinistas. ¡Qué vergüenza!


Sí, este planeta es un santo y no lo merecemos. Reciclamos cuando nos conviene. Porque es una molestia enjuagar las latas de sopa y porque tienes que separar el código de plástico 6 de los demás (flojeraaa). Compostamos cuando nos conviene. Porque es tan repugnante conservar sus restos. Huele. Y nuestra casa es invadida por mosquitas tan pronto como levantamos la tapa de la cubeta cuando se nos olvidó vaciarla. Usamos Round-up cuando nos conviene. Cuando tener un hermoso césped para hacer que Irlanda muera de envidia se vuelve un life goal. Nos encantan los pequeños baggies de plástico. Y las botellas, también. Es mucho más atractivo beber en una bonita botella de plástico con una hermosa etiqueta de papel brillante que beber de una taza bien banal de Virgo o Capricornio. Engrasamos nuestro pan tostado con aceite de palma a sabor de chocolate. No nos importa si el Nutella mata a los orangutanes, la verdad. Los orangutanes son un problema que Malasia e Indonesia deben manejar, no nosotros y nuestras papilas. Hacemos monocultivos, y emparejados con pesticidas, envenena a las abejas. El día que desaparezcan las abejas, será nuestro turno. Porque las abejas son las guardianes de la vida tal como la conocemos. Pero por ahora, nos decimos que en tanto que haya miel en los estantes de los supermercados, estamos bien.


Conozco a una chica que hace honor a la tierra. Ella, si sabe qué hacer. Al menos, lo intenta. Cada fin de semana, Kayla y sus amigos se ponen guantes para lavar platos y limpian las playas de California. Recogen botellas, colillas de cigarrillos, jeringas sucias y chicles. Kayla está estudiando las ciencias marinas, porque a ella realmente no le gusta el plástico, especialmente cuando se mezcla con los peces coloridos. Me digo a mí misma que Kayla debe ser una mujer terriblemente generosa, ya que intenta gratis corregir nuestros errores y nuestra negligencia, fin de semana tras fin de semana, sin moralizar. Si a todos nos animáramos hacer lo mismo un día al mes, viviríamos en ciudades limpias. Y me digo a mí misma que si todas las empresas privadas fueran como Kayla y limpiaran sus daños, respiraríamos mejor. Y si a los gobiernos les gustara imitar a la bella Kayla en lugar de vivir en la negación, ya no hablaríamos de crisis biológica o de gran extinción. No hablaríamos sobre encontrar soluciones para evitar que Nueva York se inunde debido al derretimiento del hielo ártico. Los niños del mañana probablemente no sabrán qué aspecto tiene un iceberg, ni una Navidad blanca, ni la época de la miel de maple, ni el veranillo.


Santa Tierra, ¿sabrás perdonarnos? ¿Resistirás hasta nuestro despertar, o será demasiado tarde? ¿Nos enviarás señales, o morirás por sorpresa, sin previo aviso, así de sencillo?


Yo, te voy a amar hasta tu último aliento. Es una promesa. Amen.

[1] Traducción de la letra de la canción Il est où le bonheur?, de Christophe Mahé.



#MAYO19L1

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