Gané diez dólares


"Cada cuerpo es un puerto de amargura" (Pierre Drachline)


El ser humano no está hecho para ser naturalmente feliz. En realidad, está lleno de una amargura innata que tiene que ser constantemente desafiada. Lo sé y tú lo sabes. El está buscando problemas al más no poder tan pronto como se aburre un poco y se complica la existencia a ver conspiraciones en todas partes, tan inseguro que es de sus medios y posibilidades, a encontrar malas intenciones en los demás y a querer ganar, cueste lo que cueste (¡eso es el DJ Khaled durmiente en si mismo [1]!). ¡Es tan triste cuando lo piensas! Somos realmente estúpidos para estropearlo todo debido a nuestros egos. Todo eso para decir que gané diez dólares. Pues sí.


Podría haber ganado mucho más, pero no soy muy fanática de las apuestas, it is what it is. Lo hice sobre todo por razones formales, porque siempre tengo un puñado de payasitos divirtiéndose comentando ciertos tipos de publicaciones en mis redes sociales. SIEMPRE ESTÁN ALLÍ, casi más predecibles que un reloj atómico, enseguida cuando abordo temas etiquetados como "izquierdistas", aunque lo hago de broma e aunque no expreso necesariamente una opinión personal.


¿Por qué, my goodness? Es muy fácil: porque me asocian con la izquierda, simple y sencillamente, por no decir con una definición caricatural de los izquierdistas de hoy, ya que me intereso al medio ambiente, que Catherine Dorion [2] me hace sonreír, que soy una ciudadana del mundo y que no le temo al Islam ni a cualquier otra espiritualidad. Mi estilo de vida no es perfecto, tampoco estoy buscando que lo sea, y no soy un bicho raro. Solo soy YO. Basta con esto. Pero mi YO parece molestar a algunas almas un poco nerviosas, ¡pobrecitas! ¡Qué bueno, de hecho! Me gusta sentir que logro generar reacciones con posiciones tan ligeras, esto me demuestra cada vez que hay mucho más drástico que yo en esta vida. Es comparándonos a otros que nos consolamos, básicamente. Nutre nuestro ego.


No tengo nada en contra de la interacción cibernética. Es bastante divertida cuando se hace sin tomarse demasiado en serio. Me gustan los debates de ideas que hacen avanzar nuestras sociedades y, por lo tanto, tiendo a rodearme de personalidades fuertes, porque me ayudan a no sentarme demasiado cómodamente en el status quo. Las personalidades fuertes son como sillas de tres patas. Siempre es más arriesgado elegirlas para sentarse sin caer, pero sigue siendo una silla de todos modos. Bueno. Entiendes la idea, right. Oye, ¿que estaba diciendo? ¡Ah si! Pues eso es, las pocas personas indignadas por todo lo que no está de la derecha o del centro derecha siendo parte de la lista de mis "seguidores" se vuelven tan predecibles en sus intervenciones bajo mis publicaciones que comencé a ponerlas a prueba.


¡Sí, lo sé, soy traviesa! Y no, no tengo mucho tiempo que perder, pero sacrifico con mucho gusto una parte de él si sirve para demostrar que los humanos son iguales de predecibles que el hecho que todos se mueren tarde o temprano. Velo como un pequeño estudio sociológico, o un poco de psicología inversa. Por ejemplo, me gusta publicar artículos con comentarios vagos, como la simple mención "interesante", o escribir una o dos frases en las cuales critico a THE Donald en jefe o elogio un buen golpe de Justin "guapetón" Trudeau, y aviso por adelantado mis seres queridos que tal y tal fulanos comentarán. Da risa a todos, porque casi SIEMPRE tengo razón. De ahí mis diez dólares ganados. Porque ahora, me siento tan segura de mis predicciones que puedo apostar lana y así pagar mi hipoteca. Bueno, quizás no.


Si no es culpa del primer ministro, es culpa de los "malditos periodistas". De esta cadena "sensacionalista". O de esa otra, "lameculos del los liberales". O de los inmigrantes. O de tal partido político o de los ecologistas. Mi fanclub de metiches critica todas las noticias reales, calificándolas de "izquierdistas" cuando le conviene, pero calla las noticias falsas y las crónicas de difamación en nombre de la libertad de expresión. Es un poco tomar los periodistas por idiotas, si quieres mi opinión. Y aunque no la quieres, te la daré de todos modos porque es mi texto. Creo firmemente en la ética periodística. La de los verdaderos periodistas. De aquellos a quienes realmente les gusta resaltar lo que está sucediendo en el mundo. No a columnistas que piensan que son periodistas porque tienen un cheque de pago de un periódico conocido.


Güey, sepa que no solo porque algo está publicado en un periódico, se convierte mágicamente en una fuente confiable de información. Ósea, mi blog o un columna, es casi la misma cosa, excepto que doy mi opinión de forma gratuita y sin la intención de lavarte el cerebro con desprecio a base de hechos falsos aderezados. Bueno, ok, estoy generalizando. Hay buenos columnistas. Perdón, pues. Tienen derecho a expresarse, como yo, como tú, como los trolles. Pero en resumen, es fácil generar controversia. ¿Una prueba? Esto es lo que hago alegremente, aunque sin seriedad, cada vez que quiero hacer reír a mis seres queridos al provocar las intervenciones de mis "quejones" habituales en las redes. Es tan fácil como coser y cantar.


A mí también me engañan, a veces. Claro que sí. Me meto en discusiones que debería evitar como alguien que tropieza atascándose en las flores dibujadas sobre una alfombra (orgullo herido incluido). ¿Mi grupito de provocadores quiere hacerme hablar sobre algún tema? Lo puede lograr: Hablo mucho y con facilidad, y me justifico demasiado, manteniéndome fiel a mis viejos hábitos. Excepto que cada vez que lo hago, me digo a mi misma: "Me están buscando, quiero que me encuentren". Cada pinche vez, no es broma. Me conozco. Cuando acepto de jugar al juego de alguien, les atraigo en mi hogar, en mi terreno. Siempre ocurre en MIS redes. Lo que publica en las suyas, me vale un pepino. Tengo cosas más importantes que hacer, otras conversaciones a tener.


Pero ellos, esos grandes comentaristas suscritos específicamente a mis noticias, siempre muerden el anzuelo. Les pongo una trampa con un pedazote de queso suizo como cebo, y el deseo de este toque de "umami" en su vida les empuja a morderlo a tope. Si me siento generosa con mi tiempo, respondo vagamente cuando intentan provocarme, yo, la maldita izquierdista. Pero lo bueno de esto es que la mayoría de las veces alguien más les contestará sin que yo tenga que intervenir. Después de todo, todas las personas pueden hacerse una idea de un artículo publicado sin mi intervención para comentarlo. ¡No, pues, la gente sabe leer! No hay necesidad de pelear en Facebook, ¡cálmense! La vida sabe más que nosotros, a veces. Y sabe sobre todo que la mayoría de la gente no es estúpida.


Todo esto para decirte que si ellos todavía quieren pasar su tiempo conmigo languideciéndose en mi sofá cibernético, son bienvenidos. Después de todo, es mucho más interesante que comentar las publicaciones de extraños abajo de un artículo publicado en «Huffing-esto Post». Y como beneficio adicional, cocino mejor. Pero sería genial, a veces, reírnos un poco sin complicar todo y dejar de ver fresas donde hay frambuesas. Las frambuesas también son buenas. Son iguales de aciduladas como mis textos y se combinan bien con todo tipo de sabores del mundo, no solo con platillos locales que nunca han cambiado desde siglos. Me entiendes.

[1] D.J Khaled, referencia a la canción: All I do is win

[2] Mujer política de la provincia de Québec con ideas de izquierda.



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