Esta peligrosa atracción para la diferencia...


Los"Ser sí mismo, es ser excluido por ciertas personas. Ser como los demás es excluirse a sí mismo ". (Jean Céré)


¿No faltaría las palabras "a veces" en esta pequeña frase, para que pueda así tomar todo el significado que se merece? Ok. Comienzo un poco secamente este texto, lo admito. Me pongo en tu lugar: acabas de leer la bella cita de la parte superior y te dices: "¡Aww! ¡Es tan cierto! "Y llego justo después con toda mi seriedad para sacudirte la ilusión casi con la misma intensidad con la que Ricky Martin shake su bonbon. Ten en cuenta que sólo es mi opinión, y de hecho es una cuestión de perspectiva, pero siempre he tendido a pensar que lo que elige la masa popular, no siempre tenemos que huirlo como si fuera peste bubónica para poder permitirnos como individuos brillar intensamente en toda nuestra singularidad. Porque el brillo es importante, a pesar de que pretendemos lo contrario. La sociedad de hoy está plagada de luciérnagas.


Parece que está muy (demasiado) de moda querer ser diferente del vecino a toda costa para sentirse vivo y tener escalofríos. Es como un nuevo criterio de éxito, diría yo. Desde joven, nos están lavando el cerebro con mentiras al respecto. Tratan de hacernos creer que tomamos todo nuestro valor y toda nuestra esencia a ser únicos. Reservamos un gran lugar en las noticias, en los programas de televisión y en el espacio público en general para aquellos que se distinguen, los vanguardistas, los impactantes quienes les gusta ser así, los promotores de la diferencia a cualquier precio. Es bueno, creo que es ameno el hecho que los marginados encuentran un lugar en la sociedad para expresarse, que comencemos cada vez más a venerar a los audaces, a los crack-pots, los creativos... Pero la verdadera felicidad, ¿No es aquel sentir que nos llena, nos nutre y nos libera de las inútiles ansiedades de la vida? Si es así, ¿por qué estaría relacionado con la idea de ser diferente a los demás? ¿Lo sabes?


Bueno. Digámoslo ahora: Ser sí mismo no es necesariamente ser diferente. La necesidad de ser diferente puede vincularse como la libre expresión de su propia personalidad, algo así, quién sabe, pero también podría (sobre todo) estar intrínsecamente vinculada a la necesidad de llamar la atención de todas las maneras posibles para llenar un falta de reconocimiento flagrante, un simple vacío o la expresión de un enfadoso síndrome de oposición persistente. Pero sí, si te hace feliz ser diferente, estoy feliz por ti. Good for you, babe. ¡Destaca! Te entiendo. De hecho, a menudo me han criticado: "Haces lo contrario de lo que hace la gente, eres drástica, buscas la atención...". Pues, no es para nada así mi historia personal, lo siento pero no. La gente tiende a sentirse obviamente amenazada por lo que conoce poco. Siempre supe cultivar mi ser interior, mucho antes de que fuera un tema importante en nuestra sociedad en constantes cambios. Tengo una desconcertante facilidad para la felicidad. Así es, no seas celoso. ¡Cada uno tiene cualidades! No soy tan buena en matemáticas, soy pésima jardinera, pero sin embargo soy excelentísima para la felicidad. ¡No se puede tener todo! Pero para alcanzar ese grado de autoestima, yo he necesitado algunos ingredientes para que la masa del mi pastel suba.

Los ingredientes mágicos


La lista es muy sencilla, pero cada elemento es esencial, al menos para triunfar con MI receta. Primero, tienes que soñar. Mucho. A menudo. Hasta hartarte. Soñar, es como el polvo de Perlimpinpin de nuestra necesidad de existir, es la base de nuestra propia capacidad a realizarnos. Son los primeros días de una realidad en fomento, nuestra bola de plastilina existencial, la cuna de nuestro deseo de expresar pasiones ocultas. Para cada diez sueños, tirarás nueve de ellos en la basura, pero el que guardarás florecerá como una buganvilla, el tiempo de un verano o para la vida, porque sí, algunas pasiones son efímeras y otras sobrevivirán. No es nada grave probar cosas, luego abandonarlas para volver a ellas algún día... o nunca. Probar cosas no es un defecto si lo haces de una manera respetuosa del ser fantástico que eres y sin exceso de presión (¡presta atención al síndrome del niño empujado por su papá a ser una estrella de hockey!). También, luego se necesita saber reír de sí mismo. Para lograr existir como deberíamos ser, debemos aprender a enfrentar los comentarios, la burla y el sarcasmo (no te muevas de un centímetro y enfréntalos todos como un campeón), en cuanto tu "yo" ya no se parezca al "nosotros" aceptado socialmente. Porque aunque este "yo" a veces puede ser muy feliz al mezclarse en la masa y así sentirse como un pez en el agua, otras veces, tiene que seguir una ruta diferente andando solito y convertirse en una especie de lobo solitario por un momento. No es fácil lidiar con una ola de comentarios que, aunque son primeramente destinados a ser agradables, se utilizan principalmente para enfatizar esta diferencia, esta característica incómoda. Bah! Es algo que se puede aprender, reírse de sí mismo. No tomarse demasiado en serio evita tomar demasiado en serio a los demás. Y así, continuamos nuestro viaje sin fruncir el ceño todo el tiempo (da arrugas, el fruncimiento del ceño). Pues es otra herramienta, esa capacidad de avanzar, de destacar, de tomar la venerable decisión de moverse. Además de todo esto, debes desarrollar una excelente técnica para encoger los hombros. ¿Nos hacen alguna crítica? Nos encogemos de hombros. ¿Nos dicen un comentario descortés? Nos encogemos de hombros. ¿Nos adulan? Levantamos nuestros hombros. Los sueños, la capacidad de reírse de uno mismo, la de desembragar y un buen encogimiento de hombros, es mas o menos todo lo que se necesita para lograr ser verdaderamente yo.

Desmarcarse


Para asumir tu personalidad, también debes domar a tus demonios. El primero a meter en vereda, es la necesidad de desmarcarse a toda costa. A diferenciar por favor de la necesidad de ser el mejor en su categoría. La necesidad de ser el mejor, es el deseo de superación, es mirar hacia el top, pensar que nuestro lugar está allí, y hacer lo que sea para llegar a destinación. Es admirable cuando nos viene de forma natural (lo es menos cuando apuntamos a la cima para complacer a los demás). Sin embargo, la necesidad de sobresalir, ella, reprime nuestra naturaleza profunda para dejar demasiado espacio a este deseo de reconocimiento de cual cada ser humano tiene una dosificación diferente. Es legítimo querer ser reconocido, ser visto, existir a los ojos de los demás. Lo es menos cuando ocupa todo el espacio en nuestra existencia, que se sienta en el asiento del conductor de nuestra vida para tomar el volante y dirigirnos. Es como si una chica decide que quiere ser cantante simplemente por tener seguidores, y no por el gran placer de cantar, de crear. Querer ser una estrella no es un error en sí mismo. Al contrario. Querer solo eso es todo uno. Y usar a los demás para alcanzar sus fines es una aberración. Yo mismo he evaluado mi deseo de distinguirme entre mis compañeros, hace mucho tiempo. Entonces, me dije que era inútil convertirlo en un objetivo. La vida misma se encargaría de posicionarme donde merecía ser entronizada, y yo iba a confiar en ella para el futuro. Siempre tomé mis decisiones con el objetivo de vivir plenamente mis pasiones y expresar mis llantos internos sin tener en cuenta que me iban a hablar de ellos. Entonces, cuando decidí visitar sola con mi mochila la zona kurda de Turquía, no me dije a mí misma: "La gente va a pensar que soy hot as fuck por haber ido allí sola, ya que es un lugar donde ya ha habido secuestros y todo el show". No. Solo me dije: "Finalmente, hay un período de calma en el este de Turquía. Hay que aprovecharlo ahora si quiero ver a la Isla de Akdamar y borrarla de mi Bucket list". La diferencia siempre está en la intención, amigo. Ahí, y solo allí.

El juicio altivo y gratuito


A veces me río mucho cuando escucho a algunas personas supuestamente asumidas haciendo juicios de valores sobre lo que llaman "la pequeña gente", "la masa populi", "aquellos fulanitos". Si eres tú mismo, puedes lograr ser un virulento crítico de ciertos hábitos y costumbres, de muchas maneras de hacer o de pensar. Se necesita una crítica constructiva para avanzar, después de todo. PERO... el hecho de evitar de hacer lo que todos hacen, NO ES ESTO SER SÍ MISMO, a menos que en tu fuero interior, tu camino no te lleva allí. Rápidamente nos damos cuenta de quién hace o no las cosas, pero por las razones correctas. Su discurso se adaptará en consecuencia con frases como: "Esto no es para mí. Nunca me interesó. Creo lo contrario, así que trato de ser coherente, no me intereso en la historia (lo cual es bastante posible, a pesar que es triste escucharlo)...". El individuo que hace las cosas por los motivos equivocados tendrá otro discurso: "Es una pérdida de tiempo. Me parece completamente estúpido. La ingenuidad de la gente me cae gorda... " Qué pena ver algunas personas expresar juicios altivos y gratuitos tan fácilmente. No veo cómo denigrar las decisiones de los demás nos puede traer bienestar. No veo tampoco por qué algunas personas tienen tanto tiempo y saliva a invertir en el acto de fastidiar a un colega o a un conocido.

El ejemplo de Taj Mahal


Tomemos el ejemplo del Taj Mahal, porque siempre recordaré una conversación que tuve con una persona cercana al respecto después de mi regreso de la India en 2007. La conversación fue cortés, pero un poco teñida de celos (Sí, hombre, fui a la India, y tu no fuiste, ¿y qué?). Me preguntó qué había visitado, y le expliqué que, debido a que solo tenía dos semanas y pico, me concentré en pasar un tiempito en Nueva Delhi, luego en el área de Agra, del Madhya Pradesh y del Uttar Pradesh. Y ahí es donde la hermosa frase tan típica de los "odiadores de masas populi" me había sido escupida: "Agra, es para el Taj Mahal. En dos semanas, hubieras debido evitar a las trampas a turistas. Yo, si voy a la India, no iré a visitar eso, eso es seguro. El Taj Mahal, la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad, las pirámides son una pérdida de tiempo." ¡Bravo campeón! Si esto te satisface... A mí, visitar partes de la historia de nuestro planeta azul me hace feliz. Me gusta la historia, me gusta el orgullo nacional. No me impide apartarme del camino trillado cuando la vida me ofrece este regalo, lo que hice, de hecho, al dar la vuelta a Allahabad en el primer día del Ardh Kumbh Mela [1], lo que era poco común para un turista canadiense, pero nunca me privaré de observar con mis grandes ojos azules todas estas maravillas que sí, probablemente atraen a turistas por toneladas y que están rodeadas de vendedores un poco hostiles, pero siguen siendo innegablemente joyas intemporales de una belleza que solo puedo calificar de inconmensurable (sí, lo sé, uso esta palabra con demasiada frecuencia). No visitar el Taj Mahal por mil razones es una opción igual de legítima que la de visitarlo. Si la evitas solo porque es una trampa para turistas, es patético. Esa es la diferencia entre querer ser diferente a toda costa, y simplemente querer vivir tu vida sin esperar ser felicitado por tus decisiones inteligentes o no. Ahí es donde saqué mi ingrediente mágico: el encogimiento de hombros (sirve perfectamente en este contexto). Esto terminó la conversación y sonríe irónicamente.


En resumen, para poder ser totalmente uno mismo, uno debe ser capaz de olvidar el "qué se dirá" y ser capaz de hacer su pequeño camino en la existencia, a veces en solo, a veces en grupo, sin intentar anticipar lo que la gente pensará de nosotros. La verdadera felicidad es el bienestar provocado por estar en el lugar correcto, en el momento correcto, en el estado de ánimo correcto. Es una multitud de momentos que hacen que la belleza del mundo, su grandeza, su inmensidad superen todas las preocupaciones. Es la sensación de actuar como debería. Es aceptar no siempre estar rodeado de personas felices sin que afecte a nuestra tranquilidad interior. Es dar sin sentirse obligado a hacerlo, y recibir sin esperar nada. Para ser feliz, uno debe asumirse como ser humano, ante todo, en la medida de sus cualidades y defectos.


Pero la verdadera pregunta a contestar, es la de Paul Valery, que pregunta: "¡Ser sí mismo! Pero, ¿Sí mismo, valdría la pena?


Guardo mi respuesta para otro texto.

[1] Una importante peregrinación india que tiene lugar en el sexto año de un ciclo de doce años, ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Kumbh_Mela



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